Marcilla (**revisado**) PDF Imprimir
Escrito por Luis José Vigil-Escalera Quintanal   
Miércoles, 28 de Abril de 2004 00:00
No, no se trata del café, sino de una de estas dos villas:

Categoría histórica:

Villa

Categoría administrativa:

Municipio

Partido judicial:

Tafalla-Navarra

Código Postal:

31340

Merindad:

Olite

Comarca geográfica:

Ribera del Aragón (Bajo Aragón)

Pertenencia:

Ribera Media
Población en enero de 2001: 2.672 habitantes
Superficie: 21,90 Km2
Densidad: 114,4 Hab/Km2
Altitud: Punto más alto 374 m. Punto más bajo 280 m. (en el río Aragón), núcleo 290 m..
Comunicaciones: Situado el municipio en un núcleo de comunicaciones, en la comarcal NA-128, Caparroso -Peralta, se une con la general NA-121, Pamplona-Tudela. Existe acceso a la Autopista de Navarra A-15. También existe Estación de RENFE y Servicio diario de líneas de autobuses a las principales ciudades próximas.
Geografía: Limita al norte con Falces, al este con Olite y Caparroso, al oeste con Funes y Peralta y al sur con Villafranca. El término municipal es alargado y estrecho y se orienta arqueadamente de norte a sur, lo atraviesa de este a oeste por su parte meridional el río Aragón.

Gentilicio:

Marcilleses
Castillo Casa Cultura Río Aragón
Castillo Casa de Cultura Río Aragón
o de  Marcilla del Campo Palencia:
El nombre procede del derivado onomástico latino "Marcus", seguido del sufijo latino diminutivo "êlla", de donde procede la forma romance castellana antigua "Marciella".

      La villa historiada tiene -no cabe duda- su aire propio, su sello singular, su estilo personal, inconfundible. Villarramiel no sigue los caminos trillados de otros pueblos de la región. No es un pueblo que vegeta a la sombra de una gran familia señorial como Paredes de Nava, Amusco o Aguilar de Campóo. Villarramiel quedó muy niño huérfano de toda tutela señorial. Su nacimiento y su nombre se debieron a un personaje alavés de sangre real navarra, Herramel Alvarez, en el año 995; distanciado de su padrastro, el centralizador conde Fernán González, y refugiado en la Corte de su primo el Rey leonés, Sancho I, éste otorgó a su pariente una presura en la región de las lagunas, entre Castromocho, Capillas, Gatón y Guaza, pueblos que ya existían a la mitad del siglo X. La suerte privó a la villa de Herramel de la generosa protección de la familia fundadora cuando el último vástago de aquella estirpe, María Álvarez, murió "dueña" recogida en su anciana soltería en el monasterio dúplice de San Tirso en el Alto Mahón. La hacienda señorial pasó a poder del pueblo que, sin haber llegado a la madurez, quedó convertido en árbitro de sus propios destinos. La ausencia de la espina dorsal del señorío fue, en parte, sustituida por los monasterios que afincados en tres esquinas del pueblo impulsaron durante la Edad Media a la vez la fe religiosa y el desarrollo de la vida económica y social. La célula germinal del Concejo -reunión de los cabezas de familia- se descubre a la sombra del atrio de la iglesia monasterial de San Miguel el Viejo, regentado por clérigos seculares. Entre toques de campanas y cantos litúrgicos nació el Concejo villarramielense. Los avispados vecinos, de la villa de Herramel se buscaron la vida por sí mismos comprando pellejos de oveja, cardando su lana, hilando y tejiendo en domésticos telares las estameñas, cordellates y cariseas que luego llevaban en sus ruidosos carros por los cuatro puntos cardinales y aun más allá de la frontera portuguesa, "trajinando". Como señal de aprecio y distinción los Reyes Católicos concedieron a la villa hasta el privilegio de que sus menestrales pudieran examinar y dar el título de "maestro" de carda, peine y sastre valedero para todo el reino. Villarramiel desde sus orígenes fue villa realenga y de behetría. Dentro de sus cercas no moraban nobles ni hidalgos. Todos eran pecheros e iguales. Nunca hubo allí castillo amenazador ni casas blasonadas. Nadie superaba a nadie por título de nobleza ni por color de su sangre. En Villarramiel sólo se estimaba el talento y el trabajo. Este pueblo de talante tan democrático madrugó para sumarse a la revolución liberadora y castellana de las Comunidades. La vida de Villarramiel durante el siglo XVI fue tranquila y próspera hasta que un Rey absoluto, Felipe II, apretado por ingentes deudas, arbitró el recurso de apoderarse de "los propios" de los concejos -entre ellos los de Villarramiel- y venderlos en pública subasta. Pero los "pelaires" no se amilanaron.,pusieron pleito al Rey ante el Consejo de Hacienda y lo ganaron ( "Pleito de los Quiñónes" documentado en la Biblioteca municipal de Vilarramiel). Felipe III devolvió al pueblo las tierras que su padre le había quitado. Pero Felipe II arrebató a Villarramiel algo que el pueblo estimaba más que a las heredades dejadas por María Álvarez: su libertad. El Rey Prudente con secreto y premeditación convirtió al pueblo libre de Villarramiel en señorío del hijo segundo de los Duques de Braganza. Era el precio de la sumisión de aquella Casa Ducal a la Corona de Castilla.

La ocupación prioritaria era la lana, la fabricación de pergaminos y baldeses, el tejido en sus telares de paños bastos; luego fue el comercio trashumante con sus carros y sus reatas de mulas hasta Cádiz, Portugal y Bayona de Francia. La agricultura siempre ocupó un segundo lugar.El ritmo tranquilo y silencioso de la vida del pueblo en el siglo XVIII, en paz y trabajo, sólo se vio alterado superficialmente con las luchas electorales por el bastón de mando del pueblo. Las familias poderosas perpetuarían por medios poco ortodoxos en sus miembros los cargos municipales de gobierno. . En 1776, día de las Candelas, la desolación se abatió sobre el vecindario. La alta torre de piedra de San Miguel se desplomó sobre la iglesia repleta de fieles. Más de cien vecinos perecieron allí. La invasión francesa repercutió en Villarramiel sólo en el aspecto económico. Se obligó a vender "los propios" del Concejo para subvencionar la guerra. Lo demás es ya casi actualidad.

Villarramiel se ha modernizado rápidamente y ha sufrido el azote de la despoblación generalizada de casi todos los pueblos de Castilla.. Meditando en la historia antigua y moderna de este pueblo podemos concluir llegado a la conclusión de que Villarramiel es "un pueblo distinto" en relación con los pueblos del entorno, pueblos agrícolas de Tierra de Campos.
Última actualización en Miércoles, 28 de Abril de 2004 00:00
 
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