II Concurso "la carta como medio de comunicación" CECE 2009 PDF Imprimir
Escrito por Luis José Vigil-Escalera Quintanal   
Domingo, 08 de Noviembre de 2009 19:21

EL IES Cuenca del Nalón centro donde tenemos nuestra sede social, nos ha comunicado el ganador de la 2ª edición de nuestro conurso "la carta como medio de comunicación " que ha recaido por segundo año consecutivo en Iyán Vigil-Escalera. Podéis leer la misma pulsando en leer más

 

Una mano joven, anciana, una mano alegre, melancólica… Cualquier mano, cualquier día, cualquier momento es el idóneo para enviar una carta.
Desde el momento en que una carta entre en el buzón, se arremolina en un sinfín de sentimientos, amor, odio, frialdad, alegría, nostalgia, rencor, calor, esperanza, desesperación…
Cada carta es un guiño único a la vida, a la esperanza, un sentimiento puro, incierto. Cada carta demuestra la mentalidad de su escritor, sus pensamientos. La carta lo es todo.
Sentir, vivir, plasmar todo lo simple en un trozo de papel  y transformarlo en un tesoro, en algo puro, único, místico. Admiro a esas personas con el don de la escritura, a esas que hacen que el detalle más insignificante se transforme en algo completamente imprescindible…
Un beso, un camino, un guiño de ojos o simplemente una mirada, todo ello puede convertirse en el motivo de la escritura. El ser humano tiene la necesidad de dar a conocer sus emociones, sus sentimientos…
Hoy en día los correos electrónicos y libros electrónicos pretenden comerse a la escritura en papel y a la carta, ¿Pero acaso se no ha olvidado lo emocionante de las cartas? Recortar el sello, chuparlo y pegarlo cuidadosamente en el sobre, procurando que quedase recto. Escribir la dirección y el nombre del destinatario con una caligrafía que casi nunca acostumbramos por el simple hecho de que el cartero la entienda. Doblar el folio cuidadosamente para que entre en el sobre y por último introducir la carta en el buzón. ¿Qué hay de todo eso?
El remitente nos cuenta una historia, un hecho, el remitente nos demuestra todo cuanto nos ha de demostrar, y como si de un regalo inesperado se tratase leemos apresuradamente el sobre y, emocionados, intentamos abrirlo sin romperlo, pero, como de costumbre, no somos capaces de hacerlo…
Tras haber abierto el sobre hacemos una impresión previa de lo que puede contener: si son buenas noticias, malas, alegres, tristes…
Pero al fin y al cabo no nos importa, el regalo es que se hayan acordado de nosotros, que nos escriban.
Con la carta al fin en nuestras manos procedemos a leerla, pero no podemos hacerlo en cualquier sitio, para leer bien una carta se ha de hacer en un lugar apropiado.
La iluminación ha de ser apropiada, una luz suave y que tienda suavemente al amarillo suele ser la preferida, aunque, no muy lejos, la precede la luz natural, pero no cualquiera, si no la matinal, aquella que entra por la ventana acompañada por el melodioso sonido de los jilgueros…
El sitio no es menos importante. Hoy en día la gente anda demasiado ajetreada como para sentarse tranquilamente a leer el correo, lo hacen en cualquier sitio y de mala manera, ni siquiera se paran a sentarse… Pero no es adecuado, lo correctos no es, si no, sentarse en lugar cómodo, confortable. Normalmente ese lugar suele ser el sofá, el sillón, la silla del despacho… Pero siempre ha de ser un lugar que nos transmita tranquilidad y sosiego…
Con todo ya listo, situados en el respectivo sofá y con la respectiva iluminación, procedemos con la lectura, y de nuevo juega un papel increíble el estrés… Hoy en día la gente tiende a leer rápido, sin hacer las pausas, sin respirar y sin siquiera casi pensar… Pero leer así es un gran error, una falta de respeto a la carta… Se ha de leer con espacios, comas, con puntos y aparte y con todo tipo de pausas, se ha de leer igual se habla, igual se siente, igual se vive…
La noticia, en nuestro caso, no será ni buena ni mala. Se trata de ese amigo al cual hace años que no ves, y piensas, “Dios mío, como pasa el tiempo”. Lees, detenidamente, las palabras que tu amigo ha escrito para ti, y reconoces en ellas su personalidad, a tu mente vienen imágenes de aquellos tiempos que tanto has añorado, de aquellas épocas lejanas, de tu infancia, de tu juventud, y de todo lo que has vivido…
No es poco lo que la carta hace mejorar nuestra personalidad, por eso, desde aquí, no quiero defender, si no reivindicar, el uso de esta magnífica arma, capaz de apaciguar a la más fiera de las bestias, capaz de desencadenar la más mortales de las guerras. No hay mejor que defensa que la palabra, ni mejor arma que la palabra. La palabra es todo, pero, ¿Qué es la palabra sin la carta? Es como un alma sin cuerpo y, aunque el cuerpo no lo sea todo hace posible la manifestación del alma. Y la carta y el lenguaje no dejan de ser, si no, una manifestación del alma.


Última actualización en Domingo, 08 de Noviembre de 2009 19:22
 
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